La Revolución Mexicana comenzó a partir del tiempo que estuvo Porfirio Díaz en el poder que fueron más de 30 años, sumado al modo despótico de gobernar, la estatización y confiscación de tierras pertenecientes al bajo estrato social, seguido de la desigualdad económica entre las diferentes matices sociales, unida a la entrada de mercados Estadounidenses ante la explotación de yacimientos petroleros Mexicanos.
Cuando Porfirio Díaz quiso quedarse en el poder sería por un largo lapso de tiempo, pero, no sería hasta 1910, año en que los grupos medio – bajos socialmente hablando decidieron deponerlo del poder mediante un alzamiento por medio de las armas, hecho, que ha sido denominado como revolución Mexicana de 1910.
Hubo de parte del protagonista grandes contradicciones que poco a poco irían generando el descontento general, tanto en las clases sociales de mediana importancia como en aquellas que respondían a las más paupérrimas condiciones de vida (campesinos, pequeños mineros, agricultores y por supuesto los grupos indígenas).
Era evidente que el gobierno de Porfirio Díaz respondía lentamente durante las postrimerías del siglo XIX a una dictadura, sellándose en una tiranía de gran magnitud y del uso de la fuerza y la violencia despótica del mandatario.
Durante los más de 30 años que el General Díaz se mantuvo en el poder, los ciudadanos no pudieron elegir gobernante y debido a que un pequeño grupo de personas acapararon el poder, la desigualdad social se hizo evidente: el rico era más rico, viviendo en palacetes al estilo europeo, y los pobres eran más pobres, intentando al menos “sobrevivir” en pequeños jacales. Pero también inició otra capa social antes desconocida: la clase media, gracias a la cual, los empresarios sumaban sus riquezas. Este era el ambiente que se vivía en el país a principios de 1900 y un nombre comenzó a sonar en la vida política de México: Francisco I. Madero quien, fundó el Club Democrático Benito Juárez y posteriormente creó una red de intercomunicación entre los círculos opositores al régimen porfirista.
Hubo de parte del protagonista grandes contradicciones que poco a poco irían generando el descontento general, tanto en las clases sociales de mediana importancia como en aquellas que respondían a las más paupérrimas condiciones de vida (campesinos, pequeños mineros, agricultores y por supuesto los grupos indígenas).
Era evidente que el gobierno de Porfirio Díaz respondía lentamente durante las postrimerías del siglo XIX a una dictadura, sellándose en una tiranía de gran magnitud y del uso de la fuerza y la violencia despótica del mandatario.
Durante los más de 30 años que el General Díaz se mantuvo en el poder, los ciudadanos no pudieron elegir gobernante y debido a que un pequeño grupo de personas acapararon el poder, la desigualdad social se hizo evidente: el rico era más rico, viviendo en palacetes al estilo europeo, y los pobres eran más pobres, intentando al menos “sobrevivir” en pequeños jacales. Pero también inició otra capa social antes desconocida: la clase media, gracias a la cual, los empresarios sumaban sus riquezas. Este era el ambiente que se vivía en el país a principios de 1900 y un nombre comenzó a sonar en la vida política de México: Francisco I. Madero quien, fundó el Club Democrático Benito Juárez y posteriormente creó una red de intercomunicación entre los círculos opositores al régimen porfirista.